Guía de supervivencia a las Navidades

Bueno, ya tenemos aquí las Navidades un año más…

En esta época del año que originalmente simboliza paz, reencuentros, generosidad, familia… Con el paso del tiempo, para muchos, se ha convertido en una época materialista, una época de estrés, de excesivos compromisos, de comidas copiosas…

A mi me sucede, con lo cual dedico este post a hacer una “Guía de supervivencia a las Navidades” con un toque de humor para que, al finalizar estas fechas, volvamos a la rutina sin desequilibrios en cuerpo y mente.

Causas de estrés comunes en personas que no disfrutan la Navidad

  • Consumismo. La Navidad supone gastar mucho. No solo es el dinero que invierte, sino el tiempo y el desgaste de pensar qué puede agradar a cada una de las personas.  “¿Le gustará? ¿Será su talla? No sé si ya lo tendrá”. Comercios abarrotados, largas colas… Si se está atravesando una época económicamente dura, el malestar se agudiza aún más. No poder hacer el regalo que desea puede incluso bajarle la autoestima.
  • Valores. Parece que solo hay que ser generoso en Navidad. Y si estas acciones se entremezclan con el consumo navideño, todavía suena más contradictorio.
  • Comidas de compromiso. No hay días en el mes de diciembre para juntarse con tanta gente. Algunas comidas y cenas apetecen, pero otras no. Agenda apretada, rotura de rutina, trabajo postergado, no descansar, comer y beber en exceso, rompe la dieta y sentirse culpable. Es agotador.
  • Familia. Pocas hay que no tengan un conflicto. Se producen situaciones incómodas muy al estar obligado a compartir algo como una cena de Navidad. Estas situaciones requieren de un gran autocontrol para no empeorar el conflicto.
  • Los que faltan. Los que fallecieron o no pudieron acercarse debido a la distancia, casi siempre falta alguien. Las emociones se desbordan, potenciamos la nostalgia y se sufre.
  • La soledad. La soledad puede estar presente incluso estando acompañado. Hay momentos en los que se encuentra físicamente a un metro de distancia, pero a años luz de estar conectado.
  • Discusiones de pareja. “Esta noche toca la Navidad en mi casa, que el año pasado ya la pasamos con tus padres”. “Ya, pero es que mi madre está muy delicada e igual el año que viene no tenemos oportunidad de estar con ella”. Discusiones como esta son muy típicas en Navidad…
  • Cambios de hábitos. Época de excesos: se come, se bebe, se fuma y se trasnocha. Es el momento crítico para recaer en todo lo que lleva trabajando durante los meses previos, desde que se puso los objetivos en septiembre. Muchas personas que han perdido peso y han conseguido dejar de fumar tropiezan en Navidad.
  • Falta de rutina. Muchos son los que se aburren de su rutina, pero basta que les falte para que les genere estrés. Porque la rutina da seguridad y control. Sabe cuándo se tiene que levantar, la hora a la que sale y vuelve de casa…, esto permite planificar, predecir y anticipar. La ausencia de rutina trae ausencia de control. Lo que a priori parecen días de descanso se convierten en días de desquicio.

Como afrontarlo y no “morir en el intento”

Mentalizarnos: Las reuniones familiares pueden ser muy estresantes, así que vamos a tomárnoslo con calma y a respirar. En cualquier familia siempre hay algún miembro que nadie soporta, uno que solo habla de política y discute con el resto, el que solo quiere ver la tele… La Navidad genera unas altas expectativas que casi nunca se van a cumplir y se genera una gran cantidad de estrés. Por eso lo mejor es mentalizarse de lo que se nos viene encima, que seguramente será estresante, que incluso puede ser aburrido, pero que en el peor de los casos son solo unas cuantas comidas y cenas rodeados de toda esa gente tan imperfecta como nosotros que nos ha tocado como familia.

Elige con quién. La familia no siempre es la sanguínea. La familia es aquel grupo de personas con el que te sientes querido, apoyado, a gusto, protegido, los que están a tu lado en los buenos y malos momentos.

Negocia con tu pareja. Se trata de que los dos ganéis lo máximo y perdáis lo mínimo. Puede que en una familia se dé más importancia a la noche del 24 y en la otra familia a la comida del 25. No seáis tajantes con lo que se pactó el año anterior. Y no dejen para la semana antes del día 24 la decisión de en qué casa se va a cenar.

Tiempo libre. No estás obligado a dedicarlo todo a la familia, también necesitas tiempo para tí: leer, hacer deporte, escaparte unos días… La agenda apretada de Navidad agota a cualquiera. Si no pones límites y guardas un espacio para ti, al acabar las vacaciones te sentirá cansado, frustrado y puede que incluso triste. Respira, corre, haz relajación, mira o lee algo de humor, y regula así el estrés. No te sientas culpable. Tu felicidad depende en gran parte de las negativas que eres capaz de dar.

Colabora y Participa: Trata de ayudar con la comida o con la colocación y recogida de la mesa. Puedes aportar tus propios platos al menú o hacer de pinche, pero si reduces la carga de los cocineros, la cosa irá más fluida y tú te sentirás más cómodo. Además, cuando haya un momento tenso o aburrido del que quieras huir, siempre puedes escaparte a la cocina a buscar algo que hacer. Es posible que tengas ganas de huir y pasar de todo, pero recuerda que solo son unos días y que después las aguas volverán a su cauce. Una familia solo es un conjunto de personas distintas a las que les ha tocado aguantarse y quererse estén de acuerdo con ello o no.

Evita los temas escabrosos: Si no quieres ponerte a pelear con todo el mundo, mejor deja las conversaciones que toquen temas espinosos para ocasiones menos claustrofóbicas. Si te empiezan a interrogar sobre los estudios de malas formas, puedes recordar tranquilamente que en la mesa no se habla de trabajo y desviar el tema  (ten algo listo bajo la manga). Y piensa antes de hablar, aunque te duela morderte la lengua…

No te pases con el alcohol: Aunque sea un día de permisividad familiar, no intentes ahogar el agobio en vaso tras vaso de bebidas espirituosas, puedes perder el control y acabar liándola parda. Si ya es difícil no mandar a paseo al marido de tu hermana estando sobria cuando se mete “cariñosamente” contigo, imagina si has abusado del champán…. Además, si bebes luego no puedes conducir, y tendrás que seguir aguantándolo hasta que se te pase la borrachera… Desaconsejado completamente

Dieta sana: Por tu bien y el de tu estomago, los días no festivos abraza y acoge a las verduras, las frutas, el agua… Y reserva las comidas copiosas y el alcohol para las fechas marcadas. De todas formas, cuando tu estomago diga basta, no le sigas metiendo comida. Los tupper son muy útiles, pero los empachos no…

Compra con sentido. A todos nos gusta regalar. Lo que nos incomoda es tener que comprar por comprar, a sabiendas incluso de que muchos de los regalos no serán valorados ni queridos.
Pero no lo dejes para ultima hora y haz regalos prácticos o terminaras comprando pijamas para todos como cada año… Los regalos de los niños son otra fuente de estrés. Se regala mucho y mal. Los niños no llegan a disfrutar de la cantidad de juguetes que reciben. Distribuya entre tíos, abuelos…No deberían faltar nunca juegos de mesa, material deportivo y libros.

Copia a quien disfruta. Los niños son un claro ejemplo. Están emocionados con la magia de la Navidad. Déjate contagiar por ellos y ponte en su papel.

No seas el Grinch: Vale, no te gustan las Navidades, pero si no quieres que te tachen de persona tóxica non grata evita el discurso negativo anti-Navidad delante de sus fans. No te hagas la victima, no hay un complot contra ti… Las personas pro-Navidades y las anti-Navidades pueden convivir en harmonía.

En resumen…

Si la Navidad te gusta tan poco que no quieres ni celebrarla, no lo hagas. Haz un viaje o quédate tranquilo en casa y desconecta lo más posible. Y no te sientas culpable por tu familia o amigos: estás haciendo algo que te sienta bien en lugar de lo que te entristece, y los demás lo entenderán.

Si no te queda otro remedio que celebrarlas, sé positivo. Mentalízate en intentar disfrutar y ser feliz. En todo hay un lado bueno, quédate con él y déjate quejarte. Valora, por ejemplo, que tienes días libres en la oficina…

Piensa que es sólo una vez al año. En unos días se pasará el malestar que te produce. Si cuando pasen las fiestas sigues triste, deprimido o amargado, debes preguntarte si tu verdadero problema son las navidades.

 

Bueno, pues espero que esta “guía” juguetona y con humor os sirva para llevar mejor estos días, o por lo menos para que os hayáis reído un poco.

Si hoy os toca la lotería: ¡Enhorabuena!

Y si no, os deseo unas muy felices Navidades y una estupenda entrada de Año.

 

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